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Del mito a la evidencia: El origen de las dietas que “curan” el autismo

¿De dónde viene la idea de que determinadas dietas pueden “curar” el autismo?

Cuando un niño recibe un diagnóstico de autismo, muchas familias sienten una urgencia profunda por hacer algo ya. La alimentación suele aparecer como una de las primeras respuestas: es diaria, concreta y parece estar bajo nuestro control.

En el libro NeuroTribes, el periodista científico Steve Silberman explica que, con el aumento de diagnósticos en las últimas décadas, también crecieron el miedo, la confusión y la búsqueda de explicaciones simples. A este fenómeno lo llama la “Caja de Pandora”: al intentar encontrar una causa única del autismo, comenzaron a circular teorías sin respaldo sólido —vacunas, toxinas, dietas extremas— como respuestas desesperadas frente a una condición que no tiene cura conocida
(Silberman, 2015).

Este contexto es importante: muchas dietas nacen más del miedo que de la evidencia.

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Orígenes históricos de las dietas "curativas"

Hipótesis opioide y dietas de eliminación

Una de las teorías más antiguas que relacionó alimentación y autismo fue la llamada “hipótesis opioide”. Esta idea proponía que proteínas como el gluten (presente en el trigo) y la caseína (presente en la leche) podían descomponerse en fragmentos que, al atravesar un intestino supuestamente “permeable”, afectarían el cerebro y generar conductas autistas.

A partir de esta teoría se popularizaron las dietas sin gluten y sin caseína (GFCF).

 

Es importante saber que esta hipótesis:

  • fue propuesta en contextos muy específicos,

  • no fue validada como explicación general del autismo,

  • y no cuenta con respaldo clínico suficiente como tratamiento estándar.
     

Revisiones sistemáticas y meta-análisis han concluido que la evidencia para las dietas GFCF es limitada o débil, especialmente cuando se evalúan los rasgos centrales del espectro autista (Sharp et al., 2013; Hyman et al., 2020; The Transmitter, 2022).

Dietas "curativas": ¿qué dice la ciencia real?

Investigación clínica sobre dietas terapéuticas

Algunos estudios han evaluado distintas dietas en personas autistas. En uno de ellos, que analizó 13 dietas terapéuticas, algunas familias reportaron mejoras en áreas como:

  • comportamiento,

  • síntomas gastrointestinales,

  • comunicación.
     

Pero hay un punto clave: estos resultados provienen principalmente de encuestas y reportes familiares, no de ensayos clínicos controlados (Woods et al., 2020).

 

Esto significa algo muy importante: una experiencia positiva no equivale a evidencia científica de que una dieta cure el autismo.

Las principales revisiones coinciden en que una alimentación saludable puede ayudar a ciertos síntomas, pero no existe evidencia concluyente de que alguna dieta cure o revierta el autismo (Hyman et al., 2020).

Evidencia de ensayos y revisiones

Cuando se analizan muchos estudios en conjunto, la conclusión es bastante consistente:

  • algunas dietas pueden tener efectos pequeños en síntomas específicos,

  • no hay pruebas suficientes para recomendar ninguna dieta como tratamiento estándar del autismo,

  • no se observan cambios significativos en los rasgos nucleares del espectro en estudios bien controlados (Sharp et al., 2013; The Transmitter, 2022).

¿Por qué persisten estas dietas?

Relación con síntomas asociados

Muchas personas autistas presentan:

  • sensibilidad sensorial a texturas, sabores u olores,

  • problemas gastrointestinales,

  • selectividad alimentaria.
     

Cuando se hacen cambios en la dieta, puede ocurrir que:

  • se reduzcan alimentos irritantes,

  • mejore la digestión,

  • se corrijan deficiencias nutricionales.
     

Esto puede generar una mejora real en el bienestar, pero no significa que el autismo haya cambiado. Significa que hay menos molestias asociadas (Consejo General de Dietistas-Nutricionistas, 2024).

Beneficios reales de una buena alimentación

1. Nutrición adecuada y salud general

No hay dietas que curen el autismo, pero una alimentación equilibrada:

  • apoya el crecimiento y la salud física,

  • puede aliviar síntomas como estreñimiento o dolor abdominal,

  • contribuye a una mejor regulación de energía y ánimo.
     

Estos beneficios están bien documentados en literatura científica revisada por pares (Hyman et al., 2020).

2. Alimentación y “microbiota” intestinal

(la “microbiota” es el conjunto de bacterias que viven en el intestino)

 

Algunas investigaciones muestran que la microbiota intestinal puede ser diferente en personas autistas. También se estudia cómo ciertos patrones alimentarios influyen en ella.

Lo importante es aclarar que:

  • esta investigación es emergente,

  • no demuestra que modificar la microbiota cure el autismo,

  • y los propios autores piden cautela en las conclusiones (Santocchi et al., 2016; Xu et al., 2019).

Recomendaciones sensatas según la evidencia

Trabajar con profesionales

Evitar intervenciones no validadas

Se recomienda evitar:

  • dietas extremas sin supervisión,

  • suplementos en mega-dosis,

  • protocolos que prometen “desintoxicar” o “curar”.
     

Estas prácticas no tienen respaldo científico y pueden implicar riesgos (Autism Science Foundation, 2023).

La evidencia más sólida indica que cualquier cambio alimentario debe:

  • estar guiado por profesionales de salud y nutrición,

  • basarse en evaluaciones individuales,

  • no prometer curas ni reemplazar terapias validadas (Hyman et al., 2020; Consejo General de Dietistas-Nutricionistas, 2024).

Conclusión - ciencia vs. mito

La idea de que una dieta puede “curar” el autismo surge de:

  • Teorías históricas mal interpretadas.

  • Evidencia incompleta.

  • Miedo comprensible de muchas familias.
     

La ciencia actual no respalda ninguna dieta como cura del autismo.
Sí respalda algo mucho más útil: cuidar la alimentación para mejorar el bienestar, reducir molestias y apoyar el desarrollo, sin culpas ni promesas falsas.

Referencias:

  • Silberman, S. (2015). NeuroTribes. Avery.

  • Sharp, W.G. et al. (2013). Journal of Autism and Developmental Disorders, 43(9).

  • Hyman, S.L. et al. (2020). Pediatrics, 145(1).

  • Santocchi, E. et al. (2016). Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 65.

  • Xu, M. et al. (2019). Frontiers in Psychiatry, 10.

  • The Transmitter (2022).

  • Autism Science Foundation (2023).

  • Consejo General de Dietistas-Nutricionistas (2024).

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Este contenido está basado en investigación y en publicaciones de especialistas en autismo y regulación sensorial. No reemplaza evaluación profesional ni intervenciones terapéuticas. Es un recurso emocional y educativo para acompañar a familias.

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