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Autismo y empatía: de la “ceguera mental” a la teoría de la doble empatía

Cómo cambió la forma de entender las dificultades sociales en el autismo

Durante décadas, una de las explicaciones más difundidas sobre el autismo fue la llamada ceguera mental ("mind blindness"). Esta teoría influyó profundamente en la investigación científica, en la educación y en la manera en que familias y profesionales interpretaron las dificultades sociales de las personas autistas.

Hoy, sin embargo, esta explicación ha sido ampliamente cuestionada y progresivamente reemplazada por un enfoque más equilibrado y respaldado por evidencia reciente: el problema de la doble empatía.

Este artículo explica qué propone cada modelo, por qué uno resultó insuficiente y qué implica este cambio para comprender de forma más justa y precisa el autismo.

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¿Qué es la “ceguera mental”?

La teoría de la ceguera mental fue desarrollada en los años 80 y 90 por el psicólogo británico Simon Baron-Cohen, dentro del marco de la teoría de la mente (Baron-Cohen, Leslie & Frith, 1985).

La teoría de la mente se define como la capacidad de atribuir a otras personas estados mentales —pensamientos, creencias, intenciones y emociones— y comprender que estos pueden diferir de los propios.

Desde esta perspectiva, Baron-Cohen propuso que muchas personas autistas presentan una dificultad específica para desarrollar esta habilidad, lo que explicaría desafíos como:

  • Comprender que otra persona puede tener una creencia falsa

  • Inferir intenciones sociales implícitas

  • Entender ironías, sarcasmo o dobles sentidos

 

Esta propuesta fue sintetizada y popularizada bajo el término "mind blindness" en su libro Mindblindness: An Essay on Autism and Theory of Mind (Baron-Cohen, 1995), donde se sugiere que estas dificultades serían centrales y estructurales en el autismo.

¿Por qué esta teoría fue tan influyente?

La ceguera mental tuvo un enorme impacto porque:

  • Ofrecía un modelo cognitivo claro y medible

  • Se apoyaba en tareas experimentales replicables (por ejemplo, pruebas de creencias falsas)

  • Encajaba con una visión clínica del autismo centrada en déficits sociales

 

Durante varios años, esta teoría fue considerada una de las explicaciones principales del autismo, influyendo en diagnósticos, programas educativos e intervenciones terapéuticas (Frith & Happé, 1994).

¿Por qué hoy se considera un modelo incompleto?

Con el avance de la investigación y la incorporación de perspectivas autistas, surgieron varias limitaciones importantes.

1. No explica la diversidad del espectro

Numerosos estudios muestran que:

  • Muchas personas autistas sí superan pruebas de teoría de la mente, especialmente en contextos estructurados.

  • O lo hacen utilizando estrategias cognitivas diferentes.

  • El desempeño varía ampliamente según lenguaje, ansiedad, edad y entorno.

 

Esto indica que no existe una “ceguera” universal ni permanente, y que el modelo no explica adecuadamente la heterogeneidad del espectro (Frith & Happé, 1994).

2. Confunde empatía cognitiva con empatía emocional

​La teoría de la ceguera mental se centró casi exclusivamente en la empatía cognitiva (comprender lo que otro piensa), pero dejó fuera la empatía emocional (sentir con el otro).

Investigaciones posteriores y testimonios autistas muestran que muchas personas autistas experimentan una empatía emocional intensa, incluso abrumadora, aunque tengan dificultades para decodificar señales sociales implícitas.

 

3. Asume un problema unilateral

El modelo parte de un supuesto clave: que la dificultad para comprender al otro reside exclusivamente en la persona autista, y que la comunicación neurotípica es el estándar correcto.

Pero ¿qué ocurre cuando personas neurotípicas no comprenden a personas autistas?

El problema de la doble empatía

En 2012, el sociólogo e investigador autista Damian Milton propuso el concepto del problema de la doble empatía (Milton, 2012).

Esta teoría sostiene que las dificultades sociales entre personas autistas y no autistas son bidireccionales y emergen del encuentro entre dos estilos cognitivos y comunicativos distintos.

En otras palabras:

  • Las personas autistas pueden tener dificultades para interpretar a personas neurotípicas

  • Las personas neurotípicas también tienen dificultades para interpretar a personas autistas

 

El problema no es un déficit individual, sino un desajuste relacional.

Evidencia empírica que respalda la doble empatía

Estudios experimentales recientes confirman esta bidireccionalidad. Por ejemplo, Edey et al. (2016) demostraron que adultos neurotípicos presentan dificultades específicas para interpretar los estados mentales de personas autistas, un hallazgo descrito explícitamente como una forma de “ceguera mental hacia el autismo”.

Además, investigaciones sobre neurotype-matching (correspondencia de neurotipos) muestran que:

  • La comunicación y el rapport (conexión interpersonal) son significativamente mejores entre personas del mismo neurotipo.

  • Las interacciones mixtas (autista–no autista) presentan más malentendidos, independientemente de la “habilidad social” individual (Crompton et al., 2020).

 

Estos hallazgos refuerzan la idea de que la empatía y la comprensión social dependen del contexto relacional, no solo del individuo.

¿Qué es el Neurotype-Matching?

El neurotype-matching es un concepto que explica por qué algunas interacciones sociales fluyen con naturalidad y otras se sienten agotadoras o confusas. En términos simples, significa que: Las personas se comunican mejor y se sienten más comprendidas cuando interactúan con personas de su mismo neurotipo.

Esto ocurre tanto entre personas autistas con autistas, como entre personas neurotípicas con neurotípicas.

Investigaciones recientes lideradas por Crompton y otros autores muestran que, cuando los estilos cognitivos y comunicativos son similares, se genera:

  • mayor conexión interpersonal (rapport)

  • menos malentendidos

  • menor esfuerzo social

  • mayor sensación de seguridad y bienestar

 

¿Qué pasa cuando los neurotipos son distintos?

 

En interacciones entre personas autistas y no autistas, los estudios observan más dificultades de comprensión para ambos lados.


No porque una persona “carezca” de habilidades sociales, sino porque los códigos sociales no coinciden.

Por ejemplo:

  • el contacto visual

  • el uso de silencios

  • la forma de expresar interés

  • la comunicación implícita vs. directa

 

Lo que para un neurotipo es natural, para otro puede ser confuso o agotador.

¿Por qué esto es importante?

El neurotype-matching refuerza una idea clave de la teoría de la doble empatía: Las dificultades sociales en el autismo no son un déficit individual, sino un desajuste relacional entre estilos distintos de comunicación.  

 

Cuando el entorno cambia —y el niño, adolescente o adulto autista interactúa con personas que comparten su neurotipo— la comunicación sí funciona.

Esto demuestra que la empatía no está ausente: se expresa de otra manera.

Una idea clave para familias y cuidadores

Si tu hijo autista se comunica mejor con ciertos niños o adultos, no es casualidad. Es muy probable que exista neurotype-matching: un encuentro donde los ritmos, las expectativas y la forma de relacionarse coinciden.

 

Más que forzar la adaptación a un solo modelo social, el desafío es crear espacios donde esa compatibilidad pueda existir.

Ceguera mental vs. doble empatía

Ceguera mental:
  • Déficit individual

  • Problema en la persona autista

  • Modelo centrado en déficits

  • Norma neurotípica implícita

  • Visión clínica tradicional

Doble empatía:
  • Desajuste relacional

  • Dificultad bidireccional

  • Modelo centrado en diferencias

  • Igual legitimidad de neurotipos

  • Enfoque neuroafirmativo

Implicancias para familias, educación y acompañamiento

Este cambio de paradigma implica pasar de preguntar: “¿Por qué no entiende?”

a preguntar: “¿Cómo nos estamos comunicando y qué está fallando en la interacción?”

Para niños y adolescentes autistas, muchas crisis emocionales no se originan en la falta de empatía, sino en:

  • Sobrecarga sensorial.

  • Ansiedad social.

  • Experiencias repetidas de ser malinterpretados.

 

El foco ya no está en “corregir” al niño para que parezca neurotípico, sino en construir puentes reales de comunicación.

Conclusión

La teoría de la ceguera mental fue un hito histórico en la comprensión del autismo, pero hoy se reconoce como parcial e insuficiente.


La teoría de la doble empatía ofrece un marco más justo, respaldado por evidencia empírica y coherente con la diversidad del espectro autista.

El autismo no es ausencia de empatía, sino una forma distinta de relacionarse, comunicar y comprender el mundo.

Referencias:

  • Baron-Cohen, S., Leslie, A. M., & Frith, U. (1985). Does the autistic child have a “theory of mind”? Cognition, 21(1), 37–46. https://doi.org/10.1016/0010-0277(85)90022-8

  • Baron-Cohen, S. (1995). Mindblindness: An Essay on Autism and Theory of Mind. Cambridge, MA: MIT Press.

  • Frith, U., & Happé, F. (1994). Autism: beyond “theory of mind”. Cognition, 50(1–3), 115–132. https://doi.org/10.1016/0010-0277(94)90024-8

  • Milton, D. E. M. (2012). On the ontological status of autism: the ‘double empathy problem’. Disability & Society, 27(6), 883–887. https://doi.org/10.1080/09687599.2012.710008

  • Edey, R., Cook, J., Brewer, R., Johnson, M. H., Bird, G., & Press, C. (2016). Interaction takes two: Typical adults exhibit mind-blindness towards those with autism spectrum disorder. Journal of Abnormal Psychology, 125(7), 879–885. https://doi.org/10.1037/abn0000199

  • Crompton, C. J., et al. (2020). Neurotype-matching: Interpersonal rapport between autistic and non-autistic people. Frontiers in Psychology, 11, 586171. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2020.586171

  • Mitchell, P., Sheppard, E., & Cassidy, S. (2021). Autism and the double empathy problem: Implications for development and mental health. British Journal of Developmental Psychology, 39(2), 219–232. https://doi.org/10.1111/bjdp.12350

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Este contenido está basado en investigación y en publicaciones de especialistas en autismo y regulación sensorial. No reemplaza evaluación profesional ni intervenciones terapéuticas. Es un recurso emocional y educativo para acompañar a familias.

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