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Autismo y amistad: cuando un niño juega solo, ¿está solo de verdad?

Pocas cosas angustian tanto a un padre como ver a su hijo solo en el recreo.

A veces la preocupación aparece como una pregunta silenciosa: “¿está bien así o está sufriendo?”. Otras veces llega con frases más duras: “nadie me habla”, “quiero que me inviten”, “quiero ser cool”, “no me quieren en el grupo”. Y a veces el dolor no lo expresa el niño, sino el adulto, mirando desde fuera una escena que no sabe cómo interpretar.

Cuando hablamos de autismo y amistad, hay un error muy común: pensar que solo existen dos opciones: o el niño está perfectamente feliz solo, o está profundamente aislado. En la realidad, el panorama es mucho más complejo.

 

Muchos niños autistas sí quieren amigos, sí quieren conexión y sí quieren pertenecer. Pero no siempre buscan amistad del modo típico, no siempre se sienten cómodos en grupos grandes, y no siempre la mejor amistad para ellos se parece a la que los adultos esperan ver. La meta-síntesis cualitativa de Fox et al. (2024) sobre amistades de niños autistas en escuelas del Reino Unido encontró que muchos niños autistas sí desean amistad, valoran la compañía y aprecian los intereses compartidos, aunque no siempre vivan la amistad del modo que la escuela o los adultos esperan.

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¿A los niños autistas les interesa tener amigos?

En general, sí.

La idea de que los niños autistas “no quieren amigos” no se sostiene bien. En la meta-síntesis cualitativa de Fox et al. (2024) sobre niños autistas en escuelas primarias del Reino Unido, los autores encontraron que muchos niños autistas expresaban deseo de amistad, valoraban la compañía y apreciaban tener intereses compartidos con otros.

Esto coincide también con lo planteado por la Dra. Sona Kore en la sesión “Autism Parenting: Helping Your Child Thrive” del Autism Parenting Summit – Parte II. En esa conversación, Kore explica que para ayudar a un niño autista a conectar con otros conviene enfocarse en la calidad más que en la cantidad de amistades, valorar uno o dos vínculos significativos, apoyarse en intereses compartidos y respetar que las amistades neurodivergentes pueden verse distintas a las típicas.

Entonces, la pregunta más precisa no es “¿quieren amigos o no?”. La pregunta correcta es: ¿qué tipo de vínculo les acomoda de verdad, con quiénes y en qué contexto?

Que un niño autista juegue solo no siempre significa que esté sufriendo

Este punto es clave.

La National Autistic Society distingue claramente entre estar solo y sentirse solo. Una persona puede disfrutar pasar tiempo sola y no vivir eso como aislamiento doloroso. La soledad que hace daño aparece más bien cuando faltan relaciones significativas, cuando hay rechazo, exclusión o incomprensión, o cuando el entorno social resulta hostil o inaccesible.

Esto importa muchísimo para padres y colegios, porque a veces ven juego solitario y asumen sufrimiento automático. Pero no siempre es así.

Un niño puede jugar solo porque necesita descansar de la demanda social, porque prefiere actividades predecibles, porque disfruta realmente su mundo interno o sus intereses, porque se regula mejor sin demasiados estímulos o porque, simplemente, está cómodo así por ratos.

También puede jugar solo porque fue excluido, porque no sabe cómo entrar a un grupo, porque teme el rechazo, porque ha sido objeto de bullying o porque ya se cansó de fracasar socialmente.

Desde fuera, ambas escenas pueden parecer iguales. Por eso no conviene interpretar solo la foto. Hay que mirar también la emoción, el contexto y lo que pasa antes y después.

Cómo puede verse la amistad en un niño autista

Aquí hay otro mito que vale la pena romper: la amistad autista no siempre se ve como los adultos esperan.

La meta-síntesis de Fox et al. (2024) encontró que los niños autistas pueden tener amistades valiosas y significativas, aunque estas no siempre se expresen en formas típicas de alta sociabilidad verbal o integración grupal. También mostró que, en algunos casos, los adultos tienden a subestimar esos vínculos porque usan una vara demasiado estrecha para reconocer la amistad.

Esta idea también aparece en la sesión de la Dra. Sona Kore, en el Autism Parenting Summit 20224, plantea que las amistades neurodivergentes pueden no verse “típicas” y aun así ser significativas para el niño.

Para muchos niños autistas, la amistad puede verse así: jugar al lado del otro sin hablar demasiado, compartir un interés intenso, caminar juntos en el recreo, buscarse en momentos de estrés, sentirse tranquilos en presencia del otro, preferir una relación uno a uno en vez de grupo, o vincularse por rutinas compartidas más que por conversación constante.

Eso no es una amistad de segunda categoría. Es otra forma de amistad.

¿Con quiénes suelen sentirse más cómodos?

Los hallazgos de Fox et al. (2024) y Fox y Asbury (2024) sugieren varios patrones relevantes: los intereses compartidos facilitan la conexión, la comprensión mutua reduce fricción social, y muchos niños parecen sentirse más cómodos en formatos más pequeños y predecibles que en grupos amplios o socialmente ambiguos.

Con niños que comparten intereses

Los intereses compartidos aparecen una y otra vez como puerta de entrada a la amistad. Los estudios de Fox y colegas encontraron que muchos niños autistas valoran especialmente la amistad cuando hay temas en común, porque eso da una base más clara para el vínculo y reduce parte de la incertidumbre social.

Con niños que no los ridiculizan ni los presionan

La comodidad social no depende solo del diagnóstico del otro niño. Depende muchísimo de cómo ese otro niño responde a sus tiempos, sus diferencias y su estilo de comunicación. La National Autistic Society recuerda que la falta de aceptación y comprensión por parte del entorno puede empujar a la soledad, al miedo al rechazo y al aislamiento.

En formatos más pequeños y predecibles

Muchos niños autistas parecen manejarse mejor en interacciones uno a uno o en grupos muy pequeños, donde hay menos ruido social, menos ambigüedad y menos presión por seguir códigos implícitos. Eso también aparece en la sesión de la Dra. Sona Kore, cuando plantea que para algunos niños uno o dos amigos significativos pueden ser una meta mucho más realista y saludable que intentar encajar en grupos grandes.

¿Prefieren hacer amistad con otros niños autistas?

No hay una regla universal, pero sí parece haber una tendencia importante: muchos niños autistas pueden sentirse más cómodos con pares que comparten una forma parecida de comunicarse o de estar en el mundo.

 

La meta-síntesis de Fox et al. (2024) plantea que varios niños reportaron experiencias positivas con pares que tenían necesidades o estilos similares, y que esos vínculos podían favorecer comprensión mutua, autoconfianza y sentido de comunidad.

Esto no significa que deban relacionarse solo con otros niños autistas. Tampoco significa que la amistad con niños neurotípicos sea imposible o menos valiosa. Significa algo más simple y más humano: muchas veces la relación fluye mejor cuando hay menos traducción constante y más comprensión espontánea.

A algunos niños autistas les irá muy bien con compañeros neurotípicos sensibles, tranquilos y respetuosos. A otros les resultará más fácil con niños autistas o con otros niños neurodivergentes. Y a muchos les pasará que no importa tanto la etiqueta como la compatibilidad real.

El problema no siempre es falta de interés: a veces es demasiado costo social

Muchos niños autistas sí quieren vínculo, pero el precio que tienen que pagar para sostenerlo en ciertos ambientes puede ser demasiado alto.

La National Autistic Society explica que el masking puede ser una respuesta al miedo al rechazo, al bullying o a la presión por encajar, y que a largo plazo puede ser agotador y dañar la salud mental.

Eso se cruza directamente con la amistad. Porque un niño puede parecer social desde fuera, pero vivir sus interacciones con muchísimo esfuerzo: vigilando cada gesto, copiando a otros, reprimiendo stims, midiendo su lenguaje y tratando de no llamar la atención.

En el Autism Parenting Summit 2025 se describe que algunos niños, especialmente quienes parecen “más sociables” desde fuera, pueden estar sosteniendo un esfuerzo enorme para encajar y llegar a casa exhaustos, sin que los adultos siempre lo noten.

A veces los adultos dicen: “pero sí juega con otros”. La pregunta más importante sería: ¿a qué costo?

Bullying, exclusión y deseo de ser aceptado

Aquí está una de las partes más dolorosas de este tema.

La revisión de Fox et al. (2024) y el análisis publicado por BERA (2024) coinciden en que muchos niños autistas enfrentan más dificultades para formar y mantener relaciones con sus pares, y están más expuestos a bullying, exclusión y soledad en el contexto escolar.

La National Autistic Society también menciona el rechazo social y la incomprensión como barreras reales para la conexión y el bienestar.

Y esto es importante decirlo sin endulzarlo: a veces un niño autista no está solo porque no quiera amigos. Está solo porque ha aprendido que acercarse duele, que lo malinterpretan, que lo corrigen, que se burlan o que tiene que actuar como otro para ser aceptado.

Por eso duelen tanto frases como “quiero ser cool” o “quiero que me hablen”. Ahí no estamos hablando de un niño indiferente a la amistad. Estamos hablando de un niño que sí quiere pertenecer, pero siente que la pertenencia está del otro lado de una puerta que no sabe abrir.

¿Debemos forzarlos a socializar?

Con la evidencia disponible, no parece útil forzar de manera ciega formatos de socialización que agotan al niño o no le calzan. Lo que sí parece más prometedor es facilitar oportunidades compatibles: vínculos uno a uno, actividades basadas en intereses compartidos, contextos más pequeños y entornos donde la diferencia no sea leída como problema.

Esto no significa abandonar al niño a su suerte ni resignarse a que esté aislado. Significa no convertir la amistad en otra prueba donde tiene que parecer menos autista para ser aceptado.

¿Hay reglas generales o depende de cada niño?

Las dos cosas.

Sí hay algunas ideas generales que aparecen con bastante consistencia: muchos niños autistas sí quieren amigos, la amistad puede verse distinta, jugar solo no siempre significa sufrimiento, el entorno escolar influye muchísimo, los intereses compartidos ayudan y la presión social excesiva daña.

Pero también hay mucha variabilidad entre niños. Importan la edad, el perfil sensorial, el nivel de demanda del colegio, si ha vivido bullying, su forma de comunicación, si está agotado por masking y si está en una etapa donde necesita más retiro o más acercamiento. Los propios estudios cualitativos del Reino Unido insisten en que no hay una sola forma correcta de vivir la amistad y que la experiencia cambia bastante de un niño a otro.

No hay una sola receta. Hay niños que a los seis años están bien con un amigo tranquilo y a los once sufren muchísimo la exclusión grupal. Hay otros que siempre prefieren vínculos pequeños. Hay algunos que buscan mucho contacto y otros que necesitan dosificarlo.

Por eso no sirve comparar con otros niños autistas, ni con hermanos, ni con el ideal del curso.

¿Cuándo preocuparse de verdad?

No conviene preocuparse solo porque el niño juegue solo a ratos.

Sí conviene mirar con más atención si dice que nadie lo quiere, pide ser distinto para que lo acepten, vuelve triste o humillado del colegio, habla de sí mismo con vergüenza, muestra ansiedad intensa frente al recreo o al grupo, está sufriendo bullying, se aísla de forma dolorosa o llega a casa colapsado todos los días después de intentar encajar. Estos signos no aparecen como una lista cerrada en una única fuente, pero son consistentes con lo que describen las investigaciones sobre amistad escolar, exclusión y sufrimiento social en niños autistas.

 

Ahí ya no estamos hablando solo de un estilo de socialización diferente. Estamos hablando de una experiencia que puede estar dañando autoestima, bienestar y salud mental.

Qué ayuda más que empujar

Si queremos apoyar la amistad en un niño autista, suele ayudar más buscar entornos pequeños y más predecibles, facilitar encuentros uno a uno, partir desde intereses compartidos, valorar amistades tranquilas, enseñar a los adultos y pares a no leer diferencia como problema, proteger al niño del bullying y la vergüenza y no confundir popularidad con vínculo real. Estas ideas se alinean con los hallazgos de Fox et al. (2024), Fox y Asbury (2024) y con la orientación de la National Autistic Society sobre barreras sociales y participación significativa.

A veces el mejor apoyo no es “anda, intégrate”. A veces es: “voy a ayudarte a encontrar lugares y personas donde no tengas que esconderte para ser aceptado”.

En el fondo, la meta no es que tenga muchos amigos

La meta no es que tu hijo tenga una vida social que se vea bien desde afuera.

La meta es que pueda tener vínculos donde se sienta seguro, comprendido y querido sin traicionarse.

 

Para algunos niños, eso será un mejor amigo. Para otros, una compañera con la que caminan juntos y se regulan. Para otros, un grupo pequeño unido por una afición. Y para otros, varios ratos de juego solitario más un vínculo genuino que los hace sentirse menos solos en el mundo.

No todos los amigos se ven iguales.
No todas las amistades hacen ruido.
Y no siempre un niño que juega solo está solo de verdad.

Fuentes y referencias

  • Fox, L. et al. (2024). Experiences of friendships among autistic children in UK schools: a qualitative meta-synthesis. White Rose Research Online.

  • Fox, L. y Asbury, K. (2024). “I need them for my autism but I don’t know why”: exploring the friendship experiences of autistic children. White Rose Research Online.

  • National Autistic Society. Loneliness.

  • National Autistic Society. Masking.

  • National Autistic Society. Recursos sobre comunicación, barreras sociales y relaciones.

  • BERA (2024). “Like an alien on this planet.” Autism, relationships and school.

  • Dra. Sona Kore. Autism Parenting: Helping Your Child Thrive. Autism Parenting Summit 2024.

  • Otros materiales del proyecto consultados: fragmentos del Autism Parenting Summit 2025 sobre masking, aparente sociabilidad y agotamiento social.

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